Violencia hacia la mujer: Delitos sexuales

La violencia se ha convertido en un factor que ya forma parte de la vida de algunas mujeres, y la violencia sexual así como los delitos que se derivan de ella son un problema que no se ha logrado erradicar y que pareciera que por momentos ni siquiera disminuir. “La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2006 reportó que, es el 67% de las mujeres de 15 años y más que han sufrido violencia familiar, patrimonial, comunitaria, escolar, laboral y de pareja”[2].

Tomando en cuenta que tanto en su hogar como en la calle una mujer se vuelve propensa a sufrir abuso sexual, vemos necesario definir la razón que motiva a un abusador sexual a cometer dicho delito, debido a que desde los núcleos familiares se podrían llegar a dar circunstancias que originen un comportamiento de este tipo en el individuo.

Resulta inquietante el observar que pese a que existen instituciones que ayudan y fomentan a la mujer a que denuncie cualquier tipo de agresión y a que puedan tener una vida libre de violencia —en este caso sexual— se sigan presentando con frecuencia dichos actos y que además muchos de ellos queden impunes.

En 2007, se promulgo la Ley General de acceso de las mujeres a una vida libre de violenciamisma que representa un eslabón importante enla denuncia y seguimiento de hechos de violencia hacia las mujeres, sin embargo, no es suficiente, ésto pensando en la falta de formación que hace falta respecto a la construcción de relaciones interpersonales sanas.

  Mujeres casadas o unidas con violencia sexual por parte de su pareja en los últimos 12 meses por grupos de edad
2003 2006
 Grupos de edad M M
  Total 1,527,209 1,292,127
  15-19 años 42,819 36,267
  20-24 años 128,122 92,774
  25-29 años 210,257 118,977
  30-34 años 214,319 195,465
  35-39 años 236,047 217,641
  40-44 años 236,131 178,517
  45-49 años 179,328 154,906
  50 y más años 280,186 297,580

Fuente: Elaboración propia con información de Inmujeres-INEGI-UNIFEM, Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2003 y 2006.

La sociedad a través de sus costumbres, tradiciones e incluso de la forma de adaptarse a la realidad y asimismo vivirla, crea en todos o en la mayoría de los individuos pertenecientes a ella formas de actuar y de pertenecer a ésta, pero en determinados casos se dan ciertas “anormalidades” que originan situaciones diferentes a las que se suscitan con frecuencia dentro de ese espacio.

La violencia marcándola como una generalidad, se ha hecho presente en la vida cotidiana de muchas mujeres en el país, “la violencia contra las mujeres no distingue grupos socioeconómicos, edad, niveles educativos ni ámbitos de ocurrencia. Una de las formas más comunes de violencia contra la mujer es el abuso por parte del marido o compañero. En México, la ENDIREH 2006 reporta que 4 de cada diez mujeres casadas o unidas de 15 años y más sufrió al menos un incidente de violencia, ya sea emocional, física, económica o sexual por parte de su compañero o esposo en los 12 meses previos al levantamiento de la encuesta”[4]

Si bien la violencia ocurre en todos los ámbitos, hay diferencias considerables en las prevalencias de mujeres que han sufrido al menos un incidente de violencia por parte de su pareja en el ámbito rural en comparación con el urbano: ”mientras en las localidades rurales la prevalencia es de 33.3 por ciento, en las urbanas se incrementa a 42.1 por ciento”[5]. Aunque estos datos presentan de primer momento violencia sexual por parte de su pareja, esto no quita los antecedentes sociales y culturales que el individuo tiene y por los cuales realiza dichos actos.

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La vida sexual de un individuo es un punto clave para su supervivencia social, “la vida sexual constituye un factor considerable en la existencia individual y social y determina un poderoso impulso para el despliegue de fuerzas, adquisición de la propiedad, constitución del hogar y despertar de sentimientos altruistas. En síntesis, toda la ética y quizás buena parte de la estética y religión, se originan en el desarrollo de la conducta sexual”[6].

Al saberse que todas las sociedades son diferentes y que lo es aún más la gente que habita en ella y la constituye, es lógico que la vida sexual de cada una sea completamente distinta. Dependiendo de la forma de crecer y vivir de una determinada persona, se va desarrollando a la par su concepción del sexo y la forma en como le resulta más conveniente o hasta placentero hacerlo, pero, dadas las circunstancias socioculturales que estén relacionadas con su formación, se puede llegar a dar el caso de que sus actividades sexuales sean consideradas como delitos.

Dentro de un marco jurídico, un delito sexual se puede considerar como tal a partir de estas condiciones:

a)    “Que la acción típica del delito, realizada positivamente por el delincuente en el cuerpo del ofendido o que a éste se le hace ejecutar, sea directa e indirectamente de naturaleza sexual, que puede consistir en simples caricias o tocamientos libidinosos.

b)    Que los bienes jurídicos dañados o afectados sean relativos a la vida sexual del ofendido, como son la libertad sexual o la seguridad sexual”[7].

 Ahora bien, un delincuente sexual no se crea de la nada y mucho menos nace sabiendo que en un futuro lo será, sino que por el contrario los grupos sociales en los que se ve envuelto pueden tener gran influencia para saber a groso modo como puede ser de adulto; claro está que habrá excepciones.

Ahora bien, el abuso sexual se refiere al “acceso carnal obtenido contra la voluntad del sujeto pasivo[8], o sea, la mujer partiendo de la idea de este trabajo. Si se toma en cuenta esta definición podemos encontrar que aunque se busca un acercamiento carnal, los factores sociales alrededor del violador no se pueden descartar, por el hecho de que esa forma de responder a sus necesidades sexuales, se pueden vincular con algo que valla más allá de lo psicológico o lo físico.

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La violencia sexual contra la mujer en México es un tema bastante delicado, esto en el sentido de que no se tiene aún una solución a dicho problema ahora de seguridad social. Según datos obtenidos del portal del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), “las mujeres víctimas de violencia sexual cometida por sus propias parejas representan 9 %.En el país, el porcentaje de mujeres que señaló haber tenido un incidente violento en su ámbito laboral (discriminación, hostigamiento, acoso y abuso sexual) ascendió a 29.9 %[9].

La infancia y adolescencia de un abusador sexual son los periodos cruciales para entender el comportamiento que tomará en la adultez; si bien, la familia es el primer grupo con el que un individuo interacciona y del cual aprende lo más básico para subsistir a la realidad que lo rodea. Pero no sólo la situación familiar es la que en su mayor parte interfiere en este proceso, además de ello también se encuentran la educación recibida, la situación económica, la interacción con los demás, e incluso el tipo de gente que rodea al individuo. “Los chicos que se convierten en violadores viven en un contexto familiar de abuso, donde son frecuente y severamente castigados de forma aleatoria, por motivos que rara vez están relacionados con su mal comportamiento”[10].

Si se comienza a analizar a la familia como uno de los primeros “creadores del monstruo”, se puede encontrar que la relación que tenga el individuo con su familia y la forma de comportamiento que primordialmente tengan los padres marcará su vida. “Los niños con pobres relaciones padres/hijo se convierten en niños ansiosos, irritables o depresivos, (…) las interacciones padre/hijo dotan al niño en proceso de desarrollo de la guía necesaria para todas sus futuras interacciones sociales”[11].

Más allá de la influencia que pueda tener la educación que se reciba de la familia, la organización de la misma y la forma en la que todos sus miembros interactúan también tienen de alguna forma u otra injerencia en el carácter y actitudes del individuo, en este caso del infante. Es decir, la manera en la que la familia se encuentre dentro de una sociedad determinada (y con esto me refiero a estructura u organización interna o el nivel socioeconómico), será la forma en la que el niño, <>, vea al mundo que lo rodea y trate de enfrentarse al él. Por ejemplo, “la desestructuración familiar temprana dificultaría la internalización de normas sociales, lo que los haría más propensos a elegir acciones delictivas como medio de obtención de gratificaciones inmediatas, en lugar de diferirlas al futuro mediante la prosecución de los estudios o el trabajo”[12].

Como se ha venido mostrando los conocimientos que el individuo va adquiriendo a lo largo de su crecimiento podrán denotar sus actitudes de joven y adulto, de hecho se cree que el papel de la familia es tan relevante en el aspecto de que dependiendo de la interacción entre el individuo y la misma se definirá si en su adultez cometerá actos que vallan en contra de las normas o leyes marcadas tanto por la sociedad como por el Estado. “Cuanto más afianzados estén los lazos de un individuo con sus familiares, menor será su tendencia a cometer actos ilegales, tanto para no lastimarlos con su accionar como para no debilitar tales lazos y poner en peligro sus proyectos futuros”[13].

Pero partiendo del supuesto de que al niño cómo se le puede orientar para que no repita los mismos patrones, existen una serie de políticas públicas que se han ido implementando no sólo en México, sino en Latinoamérica, esto con el fin de evitar el maltrato infantil; causa por la que un individuo se puede convertir en violador sexual. “La misma Comunidad Europea se planteaba la necesidad de desarrollar una política más activa en materia de infancia, reconociendo el largo camino a recorrer (…) donde los niños distan mucho de estar suficientemente protegidos y disfrutar democráticamente de un nivel de vida adecuado”[14].

En México la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha sido uno de los principales organismos, en conjunto con la ONU y la UNICEF, de crear políticas que intentar mejorar la situación de vida en la que se puede encontrar un niño, porque como se pudo ver anteriormente, el maltrato que ellos pueden sufrir en este periodo de su vida (niñez), lo pueden plasmar y practicar en la edad adulta contra otras personas, creando así un círculo vicioso de repetición de circunstancias en el cual, los delitos sexuales o de otro tipo van a estar presentes a la menor provocación.

“Cuatro de cada diez mexicanos es menor de 18 años. Estos casi 40 millones, de niños y niñas, representan el 1.8 por ciento de la población infantil mundial. Tan sólo en el Estado de México viven más niños y niñas que en Ecuador o Chile, y en el Distrito Federal, más que en Nicaragua, Paraguay o El Salvador. 70 por ciento de los niños y niñas mexicanas, viven en localidades urbanas. (…)Casi 16.5 millones de niñas y niños es decir el 42.6 por ciento de la población infantil mexicana, viven en familias con ingresos de dos salarios mínimos o menos, es decir en condiciones de pobreza, representa el 42.6 por ciento de la población”[15] Pero uno de los órganos que se ha encargado más por la protección de la infancia es el DIF, el cual a lo largo de su existencia ha tratado de velar por los derechos de los niños.

Lamentablemente, como se ha observado, los organismos autónomos o descentralizados que en un momento puedan proponer políticas públicas más confiables para garantizarle al menos un nivel de vida, si bien, no muy bueno por la condiciones económicas del país y el empleo un tanto malo de los recursos federales, pero sí se le puede garantizar una educación aceptable y una vida libre de violencia y de conflictos familiares.

 En la declaración de los derechos del niño se conlleva la concepción de autonomía personal del niño y que a lo largo de su desarrollo evolutivo es necesaria su participación en al sociedad. De igual modo se intenta favorecer al niño de relaciones familiares sanas  a fin de mejorar sus relaciones con los demás, pero si un niño vive en una familia disfuncional, donde los padres no obedecen al papel al que tuviesen que acceder por el bienestar del menor, este por razones lógicas tratará de buscar lo que en casa no obtiene con otras personas, es decir, se van creando necesidades distorsionadas de lo que quiere, y si no se vuelve en la edad adulta en un abusador sexual, será una persona propensa a sufrir algún tipo de abuso. “Un número muy alto de delincuentes sexuales manifiestan abrir sufrido abusos sexuales durante su infancia”[17].

Después de haber analizado el vinculo entre “el pequeño monstruo” y su familia, es necesario entender de igual manera los factores externos que van formando en un individuo características propias de un abusador sexual. Siempre se ha entendido que la escuela es la responsable de formar en el individuo una formación exitosa, lo cual implicaba que el delito sólo se presentaba en aquellas personas que representaban las excepciones o las patologías dentro de lo normal.

Partiendo de este punto podemos situar al futuro abusador sexual como una de esas anormalidades consideradas por el sistema educativo, debido a que muchos de los delincuentes sexuales pertenecen a ese grupo de excluidos, ya sea por su forma de ser o por su manera de reaccionar ante las diversas situaciones a las que se tenía que enfrentar en la realidad, una realidad fuera de casa y de las personas que supuestamente más lo conocían que era su familia. Dicha exclusión dentro del territorio escolar también se puede relacionar con la facilidad o dificultad que el individuo tenga para retener la información que se va adquiriendo.

Pero el desencantamiento hacia la educación no sólo se debe a la forma de pensar del individuo, sino que también el mismo sistema educativo que el Estado imparte y las personas que imparten tal educación ingieren de alguna forma u otra en ese proceso de no encontrarle sentido al hecho de aprender y conformarse con la situaciones económicas, políticas y sociales en las que se vive.

El uso de la fuerza hacia la mujer se ha visto marcado en muchas sociedades, de hecho algunos antropólogos han identificado tres características generales las cuales influyen en el desarrollo de abusos sexuales: “la violencia interpersonal, el dominio del hombre, y la actitud negativa hacia la mujer”[19]. A partir de esto se tiene que unas sociedades ven un fenómeno, o éste fenómeno social como normal, cuando otras civilizaciones ven el mismo fenómeno como algo patológico, todo esto en relación a la cultura de cada sector social, sus costumbres, tradiciones e ideología.

Si bien, los medios de comunicación de alguna manera u otra marcan una gran tendencia en la forma de percibir las cosas por los individuos, pero es necesario remarcar que la información recibida por dichos medios no se recibe de igual manera, y muchos de los programas o series que actualmente son presentados por televisión principalmente, no sé si consciente o inconscientemente manejan una cierta supremacía del hombre y los temas de abuso sexual se manejan con una naturalidad que pareciera que forzosamente estos casos deben de quedar impunes porque ya se presentan de manera común en algunas sociedades. “Muchos de los mensajes que la gente joven recibe a través de los medios de comunicación (…) reproducen aspectos que en ocasiones son socialmente adecuados, pero también muestran muchos otros que no lo son. (…) Por ejemplo, describen a los hombres como poderosos y agresivos, y con derecho a tratar a las mujeres como deseen”[20].

Cuando un individuo ya adulto se convierte en un abusador sexual, las principales causas que lo orillan a eso porque de primer momento van a ubicar al sexo como estrategia de afrontamiento de problemas. “Los violadores emplean el sexo para encarar sus problemas con mucha más frecuencia que los delincuentes no sexuales, (…) los violadores tienen una mayor probabilidad de usar fantasías de violación (o realmente violar) cuando presentan estrés”[21]

—Todos los derechos reservados al grupo Todas Juntas.

 BIBLIOGRAFÍA.

TENCA, Adrián, violación (abuso sexual con acceso carnal) en: delitos sexuales, ASTREA, Buenos Aires, 2001, pp. 61-62.

FOUCAULT, Michel, los anormales, FCE, 2ª ed. (esp.), México, 2001.

REYNOSO DÁVILA, Roberto, delitos sexuales, PORRUA, México, 2000, pp. 1-15, 109-122.

MARSHALL, William L., agresores sexuales, ARIEL, Barcelona, 2001, pp. 63-71, 97-105.

REDONDO, Santiago, ¿Cómo llega alguien a convertirse en delincuente sexual? en: delincuencia sexual y sociedad, ARIEL, Barcelona, 2002, pp. 235-249.

KESSLER, Gabriel, sociología del delito amateur, PAIDÓS, Buenos Aires, 2004, pp. 181-240

LAMBERTI-SÁNCHEZ-VIAR (compiladores), violencia familiar y abuso sexual, ED. Universidad, Buenos Aires, 1998, pp. 25-32, 133-137.

DURKHEIM, Emile, las reglas del método sociológico, Biblioteca Nueva, Madrid, 2005.

CARBONELL SANCHEZ, Miguel, familia, constitución y derechos fundamentales en: revista defensor, (núm. 1, año IV, enero de 2006), CDHDF, México, 2006, pp. 6-13.

OLAMENDI TORRES, Patricia, mujeres, familia y ciudadanía, UNIFEM, México, 2008. pp. 9-21, 115-126.

MARTINEZ ROARO, Marcela, delitos sexuales: sexualidad  y derecho, PORRÚA, México, 1982.

CONGRESO NACIONAL LEGISLATIVO A FAVOR DE LAS MUJERES, Michoacán, 2008.

PAGINAS Web CONSULTADAS:

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http://www.inmujer.df.gob.mx/inmujeres/interes/reglamento_leydeacceso.pdf  (Consulta, Jueves, 26 de noviembre de 2009, 21:30 hrs.)

http://www.e-mujeres.gob.mx/work/resources/LocalContent/20334/1/nfancia.pdf (Consulta miércoles 11 de noviembre de 2009, 18:18 hrs.)

[1] http://www.inmujeres.gob.mx (Consulta, Jueves 5 de noviembre de 2009, 21:58 hrs.)

http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/panorama_general.php?IDTema=4&pag=1 (Consulta, Lunes 14 de septiembre de 2009, 18:48 hrs.)

http://vidasinviolencia.inmujeres.gob.mx/index.htm (Consulta: 18 de septiembre de 2009, 20:06 hrs.)

http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/4/pr/pr20.pdf (Consulta, Domingo 22 de noviembre de 2009, 15:09 hrs.)

PERIÓDICO EL UNIVERSAL (15 de enero de 2005)


[1] Liliana Alcántara (2005, 15 de enero), México, en lugar 16 en homicidios de mujeres, El Universal.

[2] http://vidasinviolencia.inmujeres.gob.mx/index.htm (Consulta: 18 de septiembre de 2009, 20:06 hrs.)

[3] FOUCAULT, Michel, los anormales, FCE, 2ª ed. (esp.), México, 2001, p. 61

[4] http://www.inmujeres.gob.mx (Consulta, 22 de octubre de 2009, 14: 23 hrs.)

[5] http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/panorama_general.php?IDTema=4&pag=1 (Consulta, Lunes 14 de septiembre de 2009, 18:48 hrs.)

[6] REYNOSO DÁVILA, Roberto, delitos sexuales, PORRUA, México, 2000, p. 5

[7] Ibíd., p. 15-16.

[8] TENCA,  Adrián, delitos sexuales, ASTREA, Buenos Aires, 2001, p. 61

[9] http://www.inmujeres.gob.mx (Consulta, Jueves 5 de noviembre de 2009, 21:58 hrs.)

[10] MARSHALL, William L., agresores sexuales, ARIEL, Barcelona, 2001, p. 57

[11] REDONDO, Santiago, delincuencia sexual y sociedad, ARIEL, Barcelona, 2002, p. 236

[12] KESSLER, Gabriel, sociología del delito amateur, PAIDÓS, Buenos Aires, 2004, p. 150

[13] Ibíd., p. 151.

[14] LAMBERTI-SÁNCHEZ-VIAR (compiladores), violencia familiar y abuso sexual, ED. Universidad, Buenos Aires, 1998, p. 133.

[15] http://www.e-mujeres.gob.mx/work/resources/LocalContent/20334/1/nfancia.pdf (Consulta miércoles 11 de noviembre de 2009, 18:18 hrs.)

[16] Ibíd., www.e-mujeres,  (Consulta miércoles 11 de noviembre de 2009, 18:31 hrs.)

[17] MARSHALL, William, op. Cit., p. 66.

[18] KESSLER, Gabriel, op. Cit., p. 225-226

[19]  MARSHALL, William, op. Cit., p. 65

[20] Ibíd., p. 63

[21] REDONDO, Santiago, op. Cit., p. 241.

[22] http://www.inmujer.df.gob.mx/inmujeres/interes/reglamento_leydeacceso.pdf  (Consulta, Jueves, 26 de noviembre de 2009, 21:30 hrs.)

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